domingo, 6 de febrero de 2011

Día internacional contra la MGF mutilación genital femenina


Hace once años viajé a Kenia, pero no lo hacía como embajadora de ninguna organización humanitaria como algunas imágenes de famosos nos tienen acostumbrados, sino para construir un colegio en tierras masai, concretamente en el pueblo de Olopikidongoe, y en mi mochila lo único que llevaba eran cajas de colores para repartir entre los niños.

Me gustaría recordar alguna imagen glamourosa, pero las únicas imágenes que conservo son las de una mujer haciendo de albañil en precarias condiciones: exhausta, sudada y polvorienta, ya que por no tener no teníamos ni hormigonera, y teníamos que preparar el mortero a mano a más de 35º de temperatura, vigilando a los monos para que no nos atacasen para robarnos el agua, ya que ese año había sido extremadamente seco y los animales, que estaban muriendo de sed, acudían en bandadas cuando presentían el agua.

Conocí una tierra maravillosa que superaba con creces las imágenes de mi película favorita "Memorias de África", de horizontes infinitos imposibles de abarcar con la mirada, cielos ilimitados de azules imposibles de imitar incluso por el mejor pintor universal. Gentes sencillas y ricas a la vez en sus propias creencias e ideales. Aprendí a contar en swahili y algunas otras palabras, así descubrí que Simba no era el nombre de un león de Disney, sino león en este idioma, que hakuna matata significa no te preocupes. Palabras y frases conocidas, pero que ahora cobraban un sentido diferente al que yo les atribuía al convertirse en reales, pero sobre todo me di cuenta de que hay un lenguaje universal: los ojos y las sonrisas que hablan y que nunca engañan, el lenguaje que transmite los verdaderos sentimientos y no necesita de un intérprete.

Recuerdo con dolor el día en que al incorporarnos al trabajo una mujer lloraba a su hija muerta, arrollada por un elefante cuando iba a buscar agua a un pozo, y su alegría –dentro de la desgracia– porque había sido una de sus hijas y no uno de sus hijos varones el que hubiese muerto bajo los pies del paquidermo. No podía dar crédito a lo que oía, hasta que recordé que el día anterior otra mujer se había compadecido de mí por tener sólo una hija y ningún hijo, ya que ellas, cuando son mayores, son acogidas en casa de sus hijos, nunca de sus hijas, que pasan a ser propiedad del marido y la familia de éste y donde la madre de la mujer nunca tendrá cabida. La pobre mujer sentía lástima de mí porque yo no tendría a nadie que se ocupase de mí cuando ya no pudiese valerme por mí misma, y es que dentro de sus “conocimientos” era yo la que merecía pena y no ella.

Volví demacrada y exhausta, ya que durante esos días sufrí alguna hemorragia debida a los esfuerzos acarreando ladrillos y preparando mortero con una pala, con las manos llenas de llagas, y la piel quemada por el sol; pero sobre todo, con la firme convicción de que si algún día podía, utilizaría todas mis fuerzas y mis recursos para contribuir a erradicar algunas prácticas que allí conocí y que consideraba inhumanas. Hoy, tantos años después, me siento muy satisfecha de que mi trabajo me permita divulgar esta barbarie, y contribuir con parte de los ingresos de mis libros a la lucha contra la ablación de clítoris.

En los últimos años la mutilación genital femenina se ha conocido en todo el mundo, empezándose a perseguir y condenar en muchos países donde ya se considera una práctica ilegal, esto sólo es el comienzo, aún queda mucho por hacer, ojalá algún día sólo sea el recuerdo de un mal sueño como tantas otras prácticas lo fueron antes de llegar a convertirnos en seres civilizados como el canibalismo, el empalamiento o tantos otros.

OJALÁ algún día consigamos crear un mundo donde la mujer deje de ser humillada, discriminada y maltratada con total impunidad por el simple hecho de ser mujer, y pueda desarrollar todo su potencial para contribuir a crear un mundo mejor. Nadie como Waries Dirie, embajadora especial de la ONU en la lucha contra la mutilación genital femenina, puede transmitir las consecuencias y el dolor que siente una mujer mutilada.

13 comentarios:

  • Mª Mercè dijo...

    Hola, Carmen:

    Preciosa i emotiva l'entrada d'avui.

    Som molts els que quan coneixem l'Àfrica ens quedem enganxats i lluitem perque siguin una mica més feliços.

    Una abraçada!!

    José María Barrientos dijo...

    Hola Carmen, me he permitido publicar tu post en la Escuela de Igualdad de Facebook y enviarlo a los amigo.
    Muchas gracias y saludos.

    carmenrobles dijo...

    Gracias José María, cuanta mayor divulgación más personas conseguiremos sensibilizar sobre esta atrocidad, que no sólo pasa en África, ya que en estos momentos en España también hay miles de niñas en peligro de ser mutiladas.

    Carme (Mi nombre suena como el karma hindú) dijo...

    Sin comentarios. Sin pestañear. Y con emoción. Así me quedo tras leer tu entrada Carmen. Un placer descubrir tu blog (al que no perderé la pista y que sé que va a ser un referente para mí) Gracias a Mª Mercé Salomó a través de facebook.
    Un abrazo,
    Carme

    Carmen Robles dijo...

    Em consta Mª Mercè que som molts els que lluitem en defensa de les dones africanes, sobre tot si aquestes viuen a casa nostra.

    Juan Ruiz Tacoronte dijo...

    Yo lo he publicado en:
    http://jarutaco.lacoctelera.net/
    tambien en facebook.

    Enhorabuena por tu trabajo.

    Envíame todo lo que que quieras que lo publico.

    carmenrobles dijo...

    Gracias Juan, cuanta más divulgación podamos hacer mayor será el número de personas sensibilizadas.

    Higorca Gomez Carrasco dijo...

    Eso debería estar erradicado hace tiempo, pero las culturas por duras que sean, perduran en el tiempo, algunas como esta, es llevar un calvario entre todas esas pobres niñas, luego mujeres que quizás no han podido revelarse a tiempo ¡Ojala termine muy pronto! Ese es mi deseo y enhorabuena por ese buen trabajo.
    Abrazos

    angela dijo...

    HOLA!ahora no solo en AFRICA hay tantas cosas,en todo el mundoes un desbordo no se donde podemos parar .
    saludos.

    Viajero dijo...

    Hola.

    Yo vi fotografías de niñas africanas (no recuerdo el país) que estaban siendo mutiladas con un vidrio. El mayor problema para la erradicación de esta monstruosidad son las mujeres que se ocupan de esa tarea. Se niegan rotundamente a terminar con su bestial tradición. Y las mujeres ya grandes que fueron mutiladas, tampoco ven con agrado que se deje de hacerlo. Su lógica es: «Si yo sufrí, entonces que siga el sufrimiento.»

    Por otro lado, aunque es menos grave, porque no elimina el orgasmo, la circuncisión de los niños también es una práctica bestial… que da mucho dinero. Se han dicho cosas como que extirpar el prepucio disminuye la posibilidad de tener cáncer. Increíblemente, millones de personas se lo toman en serio. Pero sólo están engañadas y poco informadas. Cuando en Inglaterra se decidió que la extirpación del prepucio lo haría gratis el estado… de pronto el número de niños mutilados por año descendió a menos del 1 por ciento… mientras que en Estados Unidos, donde sigue siendo un excelente negocio para los médicos, se circuncida al 80 por ciento de los niños.

    carmenrobles dijo...

    Tienes toda la razón "viajero" una de las razones importantes para que se siga mutilando es el interés económico de las mujeres que la practican: sencillamente viven de ello. Además del reconocimiento y prestigio que tienen dentro de la comunidad, cobran por su trabajo; cobran por mutilar, cobran por atender después a las niñas que enferman, cobran por volver a coser a las recién casadas que sus maridos abrieron demasiado la noche de bodas, cobran por ayudar en los partos -complicados debido a la mutilación-, cobran, cobran... cobran. Si esas mujeres tuviesen otro modus vivendi, dejarían de hacerlo.

    joan carles t santos dijo...

    Me parece aberrante que en pleno siglo xxi existan este tipo de practicas,pero creo mas que es falta de información de tradición sin razón en fin esperemos a ver si algún día esto pueda acabar gracias.

    carmenrobles dijo...

    Sí Juan Carlos, es aberrante e inhumano, un atentado contra los Derechos Humanos, pero es la realidad. Poco a poco conseguimos avanzar, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

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