jueves, 3 de noviembre de 2011

Hospitalidad y culturas


Según la RAE, hospitalidad significa la virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades. Y también la buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes.

Y según “Santa Wikipedia”, hospitalidad es la cualidad de acoger y agasajar con amabilidad y generosidad a los invitados o a los extraños.

Estos últimos días me he reunido con diferentes personas de otras razas, culturas y religiones, buscando el apoyo y la implicación a mi ONG Cooperació Activa, en mi proyecto de lucha contra la Mutilación Genital Femenina. Sobre todo líderes religiosos musulmanes.

Tengo que reconocer mi falta de conocimiento de muchas de las normas de convivencia y de la importancia de algunos símbolos o actos con los que he sido recibida y algunos honores que no esperaba, y, que después de analizarlos, me han hecho sentir realmente honrada y afortunada, porque cuando pides ayuda con humildad, son muchos los que están dispuestos a tenderte la mano.

Siempre se me había hecho creer que sería imposible conseguir ser bien recibida por personas de cultura, religión y costumbres tan diferentes a la mía, sobre todo por parte de los hombres que verían en mí una amenaza y foco contaminante para sus mujeres; sin embargo, este fin de semana pude comprobar cuántos prejuicios e ignorancia nos rodean, al ser, no sólo acogida, sino escuchada y valorada por parte de hombres (líderes religiosos en este caso)que apreciaban las coincidencias que nos permitirán trabajar juntos para conseguir el objetivo común. Confirmé lo que sospechaba, a pesar de lo que se nos haga creer, no todos los hombres musulmanes desprecian y subyugan a las mujeres, sencillamente tienen otra manera de expresarse y comportarse, naturalmente hay muchos que sí consideran a la mujer un ser inferior, precisamente éstos, son los que necesitan más ayuda.

El domingo pasado, otro miembro de mi ONG Cooperació Activay yo, habíamos quedado con una mediadora social para conocer a varios líderes religiosos en Salt y Girona. Cuando llamamos al timbre del piso donde nos reuniríamos, primero entró la mediadora y detrás nosotros. Ésta, africana como las personas que había en el piso, entró recitando algo a modo de saludo que yo no entendía en absoluto pero que asocié a algo parecido a nuestras letanías ya que la persona que nos abrió y precedió hasta la sala, contestaba con otras palabras parecidas.

Nos invitaron a sentarnos, yo creí de buena educación presentarme, así que le dije “Soy Carmen” mientras le daba dos besos. Mientras esperábamos que llegasen las personas con las que nos debíamos reunir, intenté romper el hielo preguntándole a la mujer que estaba embarazada si sabía lo que iba a tener, ella respondió que no lo sabía. Miré a un niño que estaba comiendo cacahuetes y le pregunté si le gustaban, su madre lo miró y le dijo algo incomprensible para mí, a lo que este se levantó y me ofreció la bandeja. Rehusé amablemente porque ya habíamos comido, afortunadamente no le dije que lo que sí que tenía era sed, porque lo que pasó después me dejó totalmente descolocada por subrealista.

Llamaron por teléfono para informarnos de que nos estaban esperando en el edificio de al lado, o sea, ¡nos habíamos equivocado de casa!. No me lo podía creer y nos deshicimos en disculpas mientras salíamos nuevamente de la casa, mientras la mujer, esta vez en castellano nos repetía varias veces que allí teníamos nuestra casa. Para mí fue totalmente sorprendente el sentido de la hospitalidad que personas que no nos conocían de nada nos acogiesen en su casa y desplegasen tanta amabilidad, yo nunca dejaría entrar en mi casa a unos extraños –tres en total- y además de otra raza que supuestamente me odian.

Cuando finalmente llegamos a la casa correcta, los líderes religiosos nos recibieron amablemente, y además nos estaban esperando para comer un arroz senegalés con pescado: sentados en el suelo y de una bandeja común como es su tradición. Aunque ya había comido, tuve que volver a hacerlo ya que era consciente del honor que representaba compartir su alimento, así como el té posterior. Una niña de tres años se sentó en mi falda y me abrazó mientras me acariciaba, así pasó parte de la tarde mientras los mayores conversábamos de nuestro objetivo común: luchar contra la Mutilación Genital Femenina en la que ellos tampoco están de acuerdo. La complicidad con la criatura, hija del imam, no sé si influyó en la actitud de el religioso hacia nosotros, lo que sí es cierto es que salí de allí con la sensación de que esa tarde habíamos creado una alianza que no tenía nada que ver con religiones, con culturas, con razas y ni siquiera con sexos. Allí sólo había personas con un objetivo común dispuestas a aportar cada cual lo que estuviera en su mano para conseguir erradicar ésta horrible práctica y salvar a muchas niñas.

Una gran lección de hospitalidad y un ejercicio de comprensión mutua, que me anima a pensar que con los aliados apropiados y el trabajo adecuado por fin conseguiremos avanzar en algo que hasta ahora la mayoría habían tratado desde la crítica y la imposición, consiguiendo muchas veces todo lo contrario.
Entre tod@s lo conseguiremos.

1 comentarios:

  • Daniel Quirós-Cruz dijo...

    Excelente anécdota la que comentás, he experimentado situaciones similares, sobre todo en la región mesoamericana, en las cuales he quedado perplejo y porque no, extasiado, con el nivel de hospitalidad recibida.

    Acabo de llegar a tu blog no se ni como, pero me parece muy loables tus esfuerzos contra la ablación genital en ciertas culturas africanas. Yo soy del parecer, y esto lo digo muy humildemente a partir de lo poco que conozco del tema, que no se puede ser indiferente ni ecléctico en todo momento a la hora de juzgar ciertas prácticas culturales. El relativismo es una aberración que permite en muchos casos hacerse la vista gorda respecto a muchas violaciones a la dignidad de las personas.

    Un abrazo a la distancia!

    Daniel.

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