miércoles, 3 de octubre de 2012

"Sentir" tu nombre

Durante años me he lamentado por no llamarme Estrella, nombre de mi abuela, y que todas mis primas (la mayor de cada familia) se llamen así, hasta tal punto que mis padres, en algunas reuniones familiares, se equivoquen y también me llamen de esta manera.

Relaté en mis novelas las aventuras y desventuras de Estel (Estrella en catalán) inspirándome en la vida de mi abuela, y tantas otras abuelas; mujeres fuertes que lucharon contra las dificultades de la época que les tocó vivir sin dejarse vencer por los infortunios.

Mujeres a las que yo admiro y que he tomado como ejemplo en mi vida, intentando convertir las adversidades en oportunidades y entender su significado cuando se han presentado para superarlas y enriquecerme como persona.

Compartí divertida con los lectores, identificados con mis relatos, anécdotas e historias parecidas de sus propias familias, historias que tal vez nos cansamos de escuchar una y otra vez en las veladas invernales, aletargándonos desinteresados porque no supimos valorarlas en su momento.

Siempre admiré la fortaleza de mi abuela “Estel”, a la que conocí mejor a través del trabajo de investigación realizado entre mi familia para ser rigurosa en el contenido de mis relatos, completado con la información de otras y otros abuelos que accedieron a explicarme pensando, agradecidos, que por fin alguien escuchaba sus “historietas”, como yo y tantos otros nietos llamábamos despectivos a sus relatos.

Últimamente, gracias al interés despertado por personas de otras culturas con las que me relaciono, que después de su nombre me explican su significado con orgullo, tuve curiosidad por saber qué significaba el mío.

Carmen tiene algunas variantes como Carmina, Carmiña o Carmín. Carmen es de origen hebreo y significa “Jardín de Dios”, en latín significa “canto”, “poema” y en árabe significa “viña”, “huerto”, “jardín”. De tal manera que en algunos lugares de España (donde los árabes estuvieron 700 años) a los huertos y jardines se les llama “Carmen”

Ahora, tal vez por encontrarme en un momento sereno de mi vida, en el que he aceptado que todo tiene sentido si sabes encontrarlo y que todo llega en su momento adecuado, he entendido porqué me llamo Carmen y no Estrella.

Finalmente, cuando alguien me pregunte mi nombre, en vez de decir “Carmen” y pensar (aunque me siento “Estrella”), diré “Carmen” y pensaré dichosa (poema, canto, jardín, huerto), porque en estos momentos me siento de esa manera: como un jardín o un huerto fecundo que cultivar para obtener sabrosos frutos que compartir con los que me rodean. Así que a partir de ahora, no sólo me llamo Carmen, sino que me siento Carmen conscientemente.

1 comentarios:

  • La Soledad dijo...

    Tu seguidora #229 Feliz Jueves

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